La idea
Un domingo, en un asado en familia, nos pusimos a hablar en la mesa sobre la idea de "considerar" cambiarle el nombre al Corralón, un tema que me obligó a levantarme para demostrar que el sólo comentario de la propuesta no me había caído lindo.Luego de mi oposición, contemplada por la mayoría, la charla derivó en una serie de ideas para alimentar la identidad de nuestra casa.Un tiempo atrás, conversando con mi hermana, se nos ocurrió la idea ponerle nombre a la callecita que atraviesa nuestra casa y que va desde la puerta de entrada hasta el corralón. La bautizamos "Pasaje Elda Acuña", en honor a nuestra abuela.Claro que, fue sólo un bautismo simbólico. En el asado lo comentamos con los familiares, y cuando lo hicimos se quedaron todos pensando. Estaba claro, todos se habían convencido de que no se podía dejar pasar esa idea. Votamos. Todos levantamos las manos. Fijamos un fecha para inaugurar el pasaje, y así lo haremos en dos semanas.El 20 de junio, día de la bandera, y cumpleaños del único hijo de la abuela Elda, se inaugurará el "Pasaje Acuña".El pasaje tendrá su cartelito, las casitas tendrán su numeración del uno al cuatro, va a haber una cinta roja larga para que la abuela pueda inaugurar, y como si fuera poco, hasta un cura para bendecir vamos a tener. No puede ser más divertido.Además, luego de la emotiva inauguración, vamos a hacer chocolates con churro para todos los vecinos, y a la noche un asado, y ya que estamos tocamos la guitarra.¿No vas a venir? No te creo.
Hablando por el gato
Salgo al patio y veo que el gato se acerca. Me mira y aprovecho para decirle mientras lo revuelco en el piso:
"Vos, me vas a empezar a hacer caso, porque yo, y todos los que viven en esta casa somos tus amos, y los gatos deben obedecer, deben comportarse como gatos y darle cariño a sus amos; portarse como los demás gatos y hacerme caso en lo que te diga, porque nosotros te alimentamos, te salvamos la vida, ¿no te acordás de eso no?, ¿me escuchaste?, ¿me estás escuchando vos? Dame pelota!, te estoy hablando. No muerdas!"
Se acerca la abuela Elda e interrumpe:
"Claro!!..,`¿qué te pasa?´, decíle Roquino!, `¿qué te crees?, ¿que soy boludo yo?´, decíle!, `yo soy gato´!"
Y el gato se fue lo más campante para el corralón. Lo salvó la abuela. Maldito gato.
"Vos, me vas a empezar a hacer caso, porque yo, y todos los que viven en esta casa somos tus amos, y los gatos deben obedecer, deben comportarse como gatos y darle cariño a sus amos; portarse como los demás gatos y hacerme caso en lo que te diga, porque nosotros te alimentamos, te salvamos la vida, ¿no te acordás de eso no?, ¿me escuchaste?, ¿me estás escuchando vos? Dame pelota!, te estoy hablando. No muerdas!"
Se acerca la abuela Elda e interrumpe:
"Claro!!..,`¿qué te pasa?´, decíle Roquino!, `¿qué te crees?, ¿que soy boludo yo?´, decíle!, `yo soy gato´!"
Y el gato se fue lo más campante para el corralón. Lo salvó la abuela. Maldito gato.
La despedida
-¿Cuándo es que te vas vos? -pregunta la abuela Elda-
-El 29 de junio. -digo-
-Bueno, vamos todos al aeropuerto a llevarte.
-Nooo, ¿para qué?, no hace falta, me despiden acá.
-Qué no hace falta mi`hijito!, ¿vos te crees que te voy a ir a despedir?, voy a asegurarme que te vayas.
-El 29 de junio. -digo-
-Bueno, vamos todos al aeropuerto a llevarte.
-Nooo, ¿para qué?, no hace falta, me despiden acá.
-Qué no hace falta mi`hijito!, ¿vos te crees que te voy a ir a despedir?, voy a asegurarme que te vayas.
El pan de San Antonio
Sábado a la tarde. Bajo la parra y a metros de El Corralón de Don Roque se me acerca la abuela Elda y me dice:
-Tomá esto
-¿Qué es?
-Vos comelo y no preguntés
-No es fruta, ¿no?
-No, comé (se trataba de un pedacito de pan, como una rodaja de fargo pero en miniatura)
-A ver...¿y?, ¿por qué tanto misterio?
-Es el pan que trae novias.
-¿El qué?
-Es el pan de la iglesia de San Antonio, para que consigas novia
-Abuela, me engatuzaste
-Tomá esto
-¿Qué es?
-Vos comelo y no preguntés
-No es fruta, ¿no?
-No, comé (se trataba de un pedacito de pan, como una rodaja de fargo pero en miniatura)
-A ver...¿y?, ¿por qué tanto misterio?
-Es el pan que trae novias.
-¿El qué?
-Es el pan de la iglesia de San Antonio, para que consigas novia
-Abuela, me engatuzaste
La preocupación
- A vos te voy a matar -dice la abuela Elda-
- ¿Qué hice?
- ¿Por qué no me avisás si venís o no venís?
- Uh, abuela. Me colgué.
- ¿Vos no sabés que yo me preocupo?, no pego un ojo en toda la noche.
- Bueno abuela, por favor te pido.
- Por favor nada. Me dejás una nota y listo.
- Pero la puta madre che!, ok, perdoname, la próxima te dejo la nota.
- Ahí está, ¿ves?, ahi está la lapicera y el papel. Mirá qué facil. Andá a lavarte las manos que ya comemos.
- Bueno
- ¿Qué hice?
- ¿Por qué no me avisás si venís o no venís?
- Uh, abuela. Me colgué.
- ¿Vos no sabés que yo me preocupo?, no pego un ojo en toda la noche.
- Bueno abuela, por favor te pido.
- Por favor nada. Me dejás una nota y listo.
- Pero la puta madre che!, ok, perdoname, la próxima te dejo la nota.
- Ahí está, ¿ves?, ahi está la lapicera y el papel. Mirá qué facil. Andá a lavarte las manos que ya comemos.
- Bueno
La conversación
Desde el living podía ver a mi abuela conversando con Juan, el perro de mi tía, que en ese momento se encontraba ahí porque mis tíos se ausentaron unos días. Entonces la abuela lo cuida. Y con gran atención el perro la miraba mientras ella le decía lo siguiente:
"¿Sabés por qué vos estás acá?, ¿no?, ¿lo sabés? Bueno, estás acá porque tus papás no están en tu casa, entonces te trajeron acá, para que te cuide yo. Así que, si te portás bien vas a poder venir cuando quieras. Andá a buscar a Roquino -el gato- que me parece que anda por el fondo, que ya es hora de dormir".
"¿Sabés por qué vos estás acá?, ¿no?, ¿lo sabés? Bueno, estás acá porque tus papás no están en tu casa, entonces te trajeron acá, para que te cuide yo. Así que, si te portás bien vas a poder venir cuando quieras. Andá a buscar a Roquino -el gato- que me parece que anda por el fondo, que ya es hora de dormir".
La caída
-¿Qué te duele?
-No!, nada! estábamos cruzando una calle con Pety -la vecina- y ésta se tropezó y me arrastró al piso. Como íbamos cruzando agarradas del brazo...
-¿Se cayeron las dos?
-Sí, las dos juntas. No sabés qué chistoso.
-No!, nada! estábamos cruzando una calle con Pety -la vecina- y ésta se tropezó y me arrastró al piso. Como íbamos cruzando agarradas del brazo...
-¿Se cayeron las dos?
-Sí, las dos juntas. No sabés qué chistoso.
La llegada
“Hay!, la puta madre!”, gritó asustada la abuela Elda al verme entrar a la casa de la tía Ucha al grito de “Abuela!, ¿dónde carajo dejaste la comida del gato?”.
Y así fuimos entrando de a uno a la pequeña y cálida cocina que habíamos pisado, algunos de nosotros, hacía más de quince años atrás, cuando sólo éramos niños.
Los ojos de la abuela Elda se agrandaban cada vez más al ver que la cocina se llenaba de gente, un nieto tras otro. Y ocupamos todo. Habíamos llegado sin problemas, luego de una simple organización y tres horas y media de viaje.
-Vinieron todos, ¿qué hacen acá?
-Bueno, en realidad, decidimos venir porque queríamos que nos lleves a Saforcada. Queremos conocer el pueblo donde viviste. –explica el primo Pablo-
-¿A Saforcada?, hace años que no voy allá. La última vez que lo hice fue cuando me invitaron a leer el poema que le hice al pueblito en la escuela. Todos todos vinieron –seguía tratando de caer en el instante-
-Todos sí.
Fuimos seis los nietos que viajamos: Mariano, Bianca, Marcelo, Florencia, Pablo y yo.
Lorena y Constanza se encontraban en México y Uruguay, respectivamente. No hubieran dudado en viajar a Junín si estuviesen en Buenos Aires.
Salimos al patio a tomar mate y tocar un poco la guitarra luego de almorzar. Todo parecía más chico e intacto a la vez, como si nunca hubieran movido ni una silla de lugar. Todo permanecía. Aún más chico a medida que te acercabas a las cosas. Habían pasado unos cuántos años, y todo tan igual.
Las calles vacías y llenas a la vez. De aire. Bancos de plaza en las puertas de las casas que invitan a tomar mate a los vecinos. Olor a Junín por todos lados. Olor a Junín en la vereda, en el pasto, en la puerta del garage de la tía Ucha y en el cordón.
El cielo se despejó automáticamente y luego de nuestro arribo. Se abrían las puertas para viajar esos once kilómetros hacia Saforcada.
Y así fuimos entrando de a uno a la pequeña y cálida cocina que habíamos pisado, algunos de nosotros, hacía más de quince años atrás, cuando sólo éramos niños.
Los ojos de la abuela Elda se agrandaban cada vez más al ver que la cocina se llenaba de gente, un nieto tras otro. Y ocupamos todo. Habíamos llegado sin problemas, luego de una simple organización y tres horas y media de viaje.
-Vinieron todos, ¿qué hacen acá?
-Bueno, en realidad, decidimos venir porque queríamos que nos lleves a Saforcada. Queremos conocer el pueblo donde viviste. –explica el primo Pablo-
-¿A Saforcada?, hace años que no voy allá. La última vez que lo hice fue cuando me invitaron a leer el poema que le hice al pueblito en la escuela. Todos todos vinieron –seguía tratando de caer en el instante-
-Todos sí.
Fuimos seis los nietos que viajamos: Mariano, Bianca, Marcelo, Florencia, Pablo y yo.
Lorena y Constanza se encontraban en México y Uruguay, respectivamente. No hubieran dudado en viajar a Junín si estuviesen en Buenos Aires.
Salimos al patio a tomar mate y tocar un poco la guitarra luego de almorzar. Todo parecía más chico e intacto a la vez, como si nunca hubieran movido ni una silla de lugar. Todo permanecía. Aún más chico a medida que te acercabas a las cosas. Habían pasado unos cuántos años, y todo tan igual.
Las calles vacías y llenas a la vez. De aire. Bancos de plaza en las puertas de las casas que invitan a tomar mate a los vecinos. Olor a Junín por todos lados. Olor a Junín en la vereda, en el pasto, en la puerta del garage de la tía Ucha y en el cordón.
El cielo se despejó automáticamente y luego de nuestro arribo. Se abrían las puertas para viajar esos once kilómetros hacia Saforcada.
Plan
Comunicación Mauro - Pablo:
-Se me ocurrió una idea
-Decime
-Vamos a buscar a la abuela.
-¿A dónde?
-A Junín, la sorpendemos y le pedimos que nos haga el tour a Saforcada. Así conocemos el pueblito donde vivió.
-Buena idea, llamemos a tus hermanos y al mío.
-Dale
-Pará!
-¿Qué?
-No, nada. Hablamos después.
-Se me ocurrió una idea
-Decime
-Vamos a buscar a la abuela.
-¿A dónde?
-A Junín, la sorpendemos y le pedimos que nos haga el tour a Saforcada. Así conocemos el pueblito donde vivió.
-Buena idea, llamemos a tus hermanos y al mío.
-Dale
-Pará!
-¿Qué?
-No, nada. Hablamos después.
Al calor de la estufa
-¿Dónde te duele?
-Acá, en el corazón -digo-
-Ya sé hijo, yo me doy cuenta. Te cuento algo: cuando yo estaba mal con el abuelo, me iba a una plaza, le escribía todo lo que me pasaba en un papel y después se lo dejaba abajo de la almohada. Después él lo leía y se daba cuenta de las cosas. Yo lo quería mucho, era un humano excelente, y siempre me aseguraba de todo lo que sentía por él.
-Debajo de mi almohada no hay nada abuela.
-Ya te va a llegar ese papel, hijo. Ya va a llegar.
-Acá, en el corazón -digo-
-Ya sé hijo, yo me doy cuenta. Te cuento algo: cuando yo estaba mal con el abuelo, me iba a una plaza, le escribía todo lo que me pasaba en un papel y después se lo dejaba abajo de la almohada. Después él lo leía y se daba cuenta de las cosas. Yo lo quería mucho, era un humano excelente, y siempre me aseguraba de todo lo que sentía por él.
-Debajo de mi almohada no hay nada abuela.
-Ya te va a llegar ese papel, hijo. Ya va a llegar.
El nosocomio
Previa cena:
-Me duele el oído -digo-
-Y a mí me duele la muela -dice mi padre-
-Vos con el oído, tu papá con la muela, yo con los ojos. Hacé una cosa: poné un cartel que diga "Hospital" en la puerta y listo.
-Me duele el oído -digo-
-Y a mí me duele la muela -dice mi padre-
-Vos con el oído, tu papá con la muela, yo con los ojos. Hacé una cosa: poné un cartel que diga "Hospital" en la puerta y listo.
El favor
Salía con poco tiempo hacia el trabajo:
-¿Viste que se me llenó de hojas el coche?, ¿no me las podrás sacar cuando se sequen del agua de lluvia?, porque después el gato se sube y me mancha todo.
-Bueh
-Dale, porfa, que me tengo que ir, ¿no podrás ponerle la tela así no se ensucia?
-Lo que yo quiero saber es cuándo me vas a sacar a pasear con ese coche, por lo menos. -retrucó-
-¿Viste que se me llenó de hojas el coche?, ¿no me las podrás sacar cuando se sequen del agua de lluvia?, porque después el gato se sube y me mancha todo.
-Bueh
-Dale, porfa, que me tengo que ir, ¿no podrás ponerle la tela así no se ensucia?
-Lo que yo quiero saber es cuándo me vas a sacar a pasear con ese coche, por lo menos. -retrucó-
La mentira
Antes de irse a Mar del Plata, la abuela Elda me encargó una paloma pichón que había recogido de la calle y que estaba amparando porque todavía no lograba despegar con sus alas.
-Lo único que te pido es que me alimentes al gato y me cuides a la paloma, las plantas me las riega el vecino.
-Ok, no te preocupes abue, yo me encargo.
La pobre paloma pichón había estado encerrada en una jaulita de canario por miedo a ser atacada por el maldito gato. No tuve mejor idea que imaginar que podían ser buenos amigos junto al felino y así le abrirle la puerta de la jaula.
La abuela Elda ya estaba en la ciudad del pulover, y al segundo día de su partida, me topo con el cuerpo del pichón en el patio, sin cabeza.
Sabía que le había fallado a la abuela, aunque imaginé que el gato estaría bien alimentado. El maldito felino me puso en un aprieto: me deshice del cadaver del ave y enloquecí buscando la cabeza en cada rincón del patio de mi casa. Desistí, imaginé que el gato ya había hecho su trabajo.
Una semana después vuelvo de Uruguay, la abuela de Mar del Plata y me pregunta:
-Ah, me olvidaba. ¿No sabés qué pasó con mi paloma?
-Mirá abue, yo la solté para que empezara a aletear en el patio, pero después no la vi más. Imagino que salió volando.
-Ah -me mira como sabiendo que le miento-, porque ayer, caminando con la tía Norma, me encontré una palomita muerta acá cerquita en el cordón de la calle.
-No creo que sea la nuestra abue.
-No sé. No sé.
Estúpido. Pude haber tirado el cadaver un poco más lejos. El plan salió mal y la abuela me descubrió. Ella conoce cada adoquín en Salcedo, no se le escapa nada.
-Lo único que te pido es que me alimentes al gato y me cuides a la paloma, las plantas me las riega el vecino.
-Ok, no te preocupes abue, yo me encargo.
La pobre paloma pichón había estado encerrada en una jaulita de canario por miedo a ser atacada por el maldito gato. No tuve mejor idea que imaginar que podían ser buenos amigos junto al felino y así le abrirle la puerta de la jaula.
La abuela Elda ya estaba en la ciudad del pulover, y al segundo día de su partida, me topo con el cuerpo del pichón en el patio, sin cabeza.
Sabía que le había fallado a la abuela, aunque imaginé que el gato estaría bien alimentado. El maldito felino me puso en un aprieto: me deshice del cadaver del ave y enloquecí buscando la cabeza en cada rincón del patio de mi casa. Desistí, imaginé que el gato ya había hecho su trabajo.
Una semana después vuelvo de Uruguay, la abuela de Mar del Plata y me pregunta:
-Ah, me olvidaba. ¿No sabés qué pasó con mi paloma?
-Mirá abue, yo la solté para que empezara a aletear en el patio, pero después no la vi más. Imagino que salió volando.
-Ah -me mira como sabiendo que le miento-, porque ayer, caminando con la tía Norma, me encontré una palomita muerta acá cerquita en el cordón de la calle.
-No creo que sea la nuestra abue.
-No sé. No sé.
Estúpido. Pude haber tirado el cadaver un poco más lejos. El plan salió mal y la abuela me descubrió. Ella conoce cada adoquín en Salcedo, no se le escapa nada.
La Devoción
Sobre mesa:
-¿Te conté alguna vez lo de la Vírgen de Luján?
-No, ¿qué cosa?
-Una vez, yendo a lo de la tía Alicia, me encontré este anillo. ¿Ves?
-Sí, está re bueno
-Bueno, y otra vez, yendo a la verdulería me encontré éste de la Medalla Milagrosa, en el piso también
-¿Y esa quién es?
-Mirtha Legrand es muy devota de la vírgen de la Medalla Milagrosa
-Ah, pero, qué tiene que ver todo ésto con la Vírgen de Luján
-Bueno, ahí voy. Un día me desperté, y mientras me peinaba, me miré al espejo y me pregunté a mi misma: '¿qué voy a encontrar hoy?, ¿a la Vírgen de Luján?
-¿Y?
-Pará, no seas ansioso. Bueno, en ese entonces, como no había teléfono en las casas, para llamar a la tía Pirucha, que estaba en Junín, había que ir hasta las cabinas.
-Sí
-Cuando estaba llegando a la telefónica, miro para el suelo y encuentro...
-¡A la Vírgen de Luján!
-Una billetera, y adentro, la estampita de la Vírgen de Luján
-Qué loco
-Yo nunca fui muy devota de la Vírgen de Luján, pero había algo que me decía que debía apretar bien fuerte el brazo de alguien para transmitirlo
-¿Entonces?
-Unos días después, en el hospital Rivadavia, me acerqué a una pareja que estaba llorando porque le estaban operando al niñito de ellos. Y les dije mientras los tomaba bien fuerte del brazo: 'No se preocupen, no hay que perder las esperanzas. Todo va salir bien'
-¿Salió todo bien?
-Salió todo bien
-¿Te conté alguna vez lo de la Vírgen de Luján?
-No, ¿qué cosa?
-Una vez, yendo a lo de la tía Alicia, me encontré este anillo. ¿Ves?
-Sí, está re bueno
-Bueno, y otra vez, yendo a la verdulería me encontré éste de la Medalla Milagrosa, en el piso también
-¿Y esa quién es?
-Mirtha Legrand es muy devota de la vírgen de la Medalla Milagrosa
-Ah, pero, qué tiene que ver todo ésto con la Vírgen de Luján
-Bueno, ahí voy. Un día me desperté, y mientras me peinaba, me miré al espejo y me pregunté a mi misma: '¿qué voy a encontrar hoy?, ¿a la Vírgen de Luján?
-¿Y?
-Pará, no seas ansioso. Bueno, en ese entonces, como no había teléfono en las casas, para llamar a la tía Pirucha, que estaba en Junín, había que ir hasta las cabinas.
-Sí
-Cuando estaba llegando a la telefónica, miro para el suelo y encuentro...
-¡A la Vírgen de Luján!
-Una billetera, y adentro, la estampita de la Vírgen de Luján
-Qué loco
-Yo nunca fui muy devota de la Vírgen de Luján, pero había algo que me decía que debía apretar bien fuerte el brazo de alguien para transmitirlo
-¿Entonces?
-Unos días después, en el hospital Rivadavia, me acerqué a una pareja que estaba llorando porque le estaban operando al niñito de ellos. Y les dije mientras los tomaba bien fuerte del brazo: 'No se preocupen, no hay que perder las esperanzas. Todo va salir bien'
-¿Salió todo bien?
-Salió todo bien
El muñeco
-Abuela, ¿no viste al muñeco que me compré?
-Ah, ¿es tuyo ese muñeco?, lo tiré por ahí
-¿Lo tiraste?, pero ¿por qué?
-Porque no me gustan los sapos
-Abuela, no es un sapo. Es la Rana René!, ¿dónde la tiraste?
-No sé, es de la misma familia. Andá a buscarlo vos.
-Ah, ¿es tuyo ese muñeco?, lo tiré por ahí
-¿Lo tiraste?, pero ¿por qué?
-Porque no me gustan los sapos
-Abuela, no es un sapo. Es la Rana René!, ¿dónde la tiraste?
-No sé, es de la misma familia. Andá a buscarlo vos.
El encierro
-Maurito, ¿vos ya te vas?
-No abuela, tipo seis. -grito desde la ducha-
-Bueno, porque me tengo que ir y voy a dejar encerrado a este guacho* porque los pajaritos quieren comer, y éste no los deja
-Bueno, encerralo entonces. Yo después lo libero.
-Chau, me voy a lo de Zulema
-Chau abuela
*el guacho es el gato
-No abuela, tipo seis. -grito desde la ducha-
-Bueno, porque me tengo que ir y voy a dejar encerrado a este guacho* porque los pajaritos quieren comer, y éste no los deja
-Bueno, encerralo entonces. Yo después lo libero.
-Chau, me voy a lo de Zulema
-Chau abuela
*el guacho es el gato
La despedida, palomas y pajaritos
Recién hoy, y al cabo de dos semanas, que los pajaritos que suelen esperar en el patio cada día a las 15.30 por mijo, las palomas que aguardan en la puerta de Salcedo por el maíz y los gatos observadores que flanquean mi casa, entendieron por qué la abuela Elda estuvo ausente todo este tiempo.
Entendieron todo sin quizá, al menos entender nuestro idioma, que cuando mucha gente se reúne en silencio y les caen lágrimas de los ojos, o cuando un integrante de la familia se aparta para lograr estar en paz y llorar un poco al costado, es porque alguien se fue.
Hace rato se preguntaban qué era del abuelo Vito, por qué ya no lo veían salir con sus anteojos de sol y su cartera dirigiéndose al club y volver a los cinco minutos porque algo se había olvidado.
Dieron cuenta entonces, que quien faltaba era el padre de la familia.
Se reunieron todos, y como pudieron, fueron hilando la historia de la familia.
Los pajaritos, amigos de la abuela, les contaban a las palomas que desde adentro de la casa podían ver qué tipo de personas eran. Intuyeron, a medida de que se iban acercando los familiares que Vito no era argentino, se trataba de un italiano. Importado, como decía él.
Las palomas y los gatos, escucharon a la abuela alguna vez decir que la familia la hacían entre todos. Podían ser sólo dos en un domingo comiendo ravioles, o podían ser más de veinte. Pero que la familia se sentía siempre dentro del calor de todas esas paredes.
El abuelo Vito se fue, quizá ahora los animalitos y las plantas amigas de la abuela, vayan a aprovechar más el tiempo juntos. Quizá no, y sólo porque la abuela queda a cargo y liderando una familia de excepción. Estará entonces la abuela Elda para refrescarnos cada una de las historias que contaba el abuelo para que no se nos olviden, para que después se las contemos a nuestros hijos y nuestros nietos.
Desde antes en Italia, desde que llegó, desde que conoció a la abuela y desde que hizo esta familia increíble.
Dan cuenta los animalitos, una vez más, que lo que envuelve la casa de Salcedo ya no es sólo tristeza y llanto. Es ahora felicidad y unión. Felicidad porque el abuelo Vito estará cuidándonos desde arriba, y unión que no deja que esta familia se distancie jamás.
Porque así nos enseñaron, y así lo enseñaremos cada uno de los nietos.
Entendieron todo sin quizá, al menos entender nuestro idioma, que cuando mucha gente se reúne en silencio y les caen lágrimas de los ojos, o cuando un integrante de la familia se aparta para lograr estar en paz y llorar un poco al costado, es porque alguien se fue.
Hace rato se preguntaban qué era del abuelo Vito, por qué ya no lo veían salir con sus anteojos de sol y su cartera dirigiéndose al club y volver a los cinco minutos porque algo se había olvidado.
Dieron cuenta entonces, que quien faltaba era el padre de la familia.
Se reunieron todos, y como pudieron, fueron hilando la historia de la familia.
Los pajaritos, amigos de la abuela, les contaban a las palomas que desde adentro de la casa podían ver qué tipo de personas eran. Intuyeron, a medida de que se iban acercando los familiares que Vito no era argentino, se trataba de un italiano. Importado, como decía él.
Las palomas y los gatos, escucharon a la abuela alguna vez decir que la familia la hacían entre todos. Podían ser sólo dos en un domingo comiendo ravioles, o podían ser más de veinte. Pero que la familia se sentía siempre dentro del calor de todas esas paredes.
El abuelo Vito se fue, quizá ahora los animalitos y las plantas amigas de la abuela, vayan a aprovechar más el tiempo juntos. Quizá no, y sólo porque la abuela queda a cargo y liderando una familia de excepción. Estará entonces la abuela Elda para refrescarnos cada una de las historias que contaba el abuelo para que no se nos olviden, para que después se las contemos a nuestros hijos y nuestros nietos.
Desde antes en Italia, desde que llegó, desde que conoció a la abuela y desde que hizo esta familia increíble.
Dan cuenta los animalitos, una vez más, que lo que envuelve la casa de Salcedo ya no es sólo tristeza y llanto. Es ahora felicidad y unión. Felicidad porque el abuelo Vito estará cuidándonos desde arriba, y unión que no deja que esta familia se distancie jamás.
Porque así nos enseñaron, y así lo enseñaremos cada uno de los nietos.
Las pequeñas cosas
_Vení que te quiero dar un beso porque estoy contenta.
_Pero abuela, ya me saludaste.
_Te quiero dar otro, porque me puso felíz tu actitud.
_¿Qué actitud? -preguntaba mientras ella me daba un beso en la mejilla-
_Hoy a la madrugada, cuando caían las piedras -por un granizo- saltaste de la cama y dijiste: dejá papá, yo voy a entrar la camioneta al garage, vos quedate en la cama.
_¿Y eso te pone felíz?
_Tu actitud, las pequeñas cosas como éstas son las que me hacen felíz. -me decía mientras lagrimeaba-
_Pero abuela, ya me saludaste.
_Te quiero dar otro, porque me puso felíz tu actitud.
_¿Qué actitud? -preguntaba mientras ella me daba un beso en la mejilla-
_Hoy a la madrugada, cuando caían las piedras -por un granizo- saltaste de la cama y dijiste: dejá papá, yo voy a entrar la camioneta al garage, vos quedate en la cama.
_¿Y eso te pone felíz?
_Tu actitud, las pequeñas cosas como éstas son las que me hacen felíz. -me decía mientras lagrimeaba-
La Charla
-Abuela, ya te lo dije como tres veces eso, ¿otra vez?
-Te pregunto de nuevo, ¿sabés por qué?, porque sino después se pierde la charla y no quiero llegar al momento de dejar hablar y tener que callarme como los demás abuelos. Tengo setentitantos, y aveces las cosas se me olvidan.
-Te pregunto de nuevo, ¿sabés por qué?, porque sino después se pierde la charla y no quiero llegar al momento de dejar hablar y tener que callarme como los demás abuelos. Tengo setentitantos, y aveces las cosas se me olvidan.
La leche
_¿Otro café con leche te vas a tomar?, ¿cuántos vas ya? Si seguís así te voy a atar una vaca en la terraza.
Sobre mi abuelo Oscar
Cada vez que tengo que arreglarle algo al Dodge pienso en lo divertido que hubiera sido hacerlo con mi abuelo Oscar.
El abuelo Oscar entendía demasiado de autos, tuvo muchísimos. Me hubiera encantado acudir a él cada vez que tuviera un problema con el coche, escucharlo y aprender.
Le encantaba manejar, y si necesitabas que te lleve a algún lado nunca te iba a decir que no, siempre dispuesto. A mí no me importaba cómo era con los demás, el cariño que le guardo, lo tengo por lo que fue él conmigo.
Recuerdo cuando estaba internado en el hospital:
__¿Cómo te sentís abuelo?
__Bien, bien. Debe haber sido algo que comí que me cayó mal. Cuando salga de acá, tengo pensado en viajar. Vendo el auto y me voy.
__¿Dónde querés ir?
__No se, a Estados Unidos. A Las Vegas, a los casinos.
__Qué bueno, yo quiero ir con vos. Yo quiero viajar.
__Y vamos, yo te llevo.
__Pero, ¿qué hacemos con la abuela?
__A la abuela la dejamos con tu mamá y tu tía. Nos vamos juntos y vos que entendés inglés, me hacés de traductor.
__¿En serio?
__Hay que esperar que salga de acá nomás.
No salió, y esa fue la última conversación que tuve con él. Fue linda, era algo que íbamos a hacer juntos. Hasta no hace mucho tiempo su auto estaba en la puerta de la casa de mi mamá, nuestro boleto. Igual, ya vamos a tener tiempo para viajar, y yo le voy a hacer de traductor.
El abuelo Oscar entendía demasiado de autos, tuvo muchísimos. Me hubiera encantado acudir a él cada vez que tuviera un problema con el coche, escucharlo y aprender.
Le encantaba manejar, y si necesitabas que te lleve a algún lado nunca te iba a decir que no, siempre dispuesto. A mí no me importaba cómo era con los demás, el cariño que le guardo, lo tengo por lo que fue él conmigo.
Recuerdo cuando estaba internado en el hospital:
__¿Cómo te sentís abuelo?
__Bien, bien. Debe haber sido algo que comí que me cayó mal. Cuando salga de acá, tengo pensado en viajar. Vendo el auto y me voy.
__¿Dónde querés ir?
__No se, a Estados Unidos. A Las Vegas, a los casinos.
__Qué bueno, yo quiero ir con vos. Yo quiero viajar.
__Y vamos, yo te llevo.
__Pero, ¿qué hacemos con la abuela?
__A la abuela la dejamos con tu mamá y tu tía. Nos vamos juntos y vos que entendés inglés, me hacés de traductor.
__¿En serio?
__Hay que esperar que salga de acá nomás.
No salió, y esa fue la última conversación que tuve con él. Fue linda, era algo que íbamos a hacer juntos. Hasta no hace mucho tiempo su auto estaba en la puerta de la casa de mi mamá, nuestro boleto. Igual, ya vamos a tener tiempo para viajar, y yo le voy a hacer de traductor.
El gato
Eran las 19.00 y el gato quería salir al patio
__No podés salir a esta hora, vamos! Ya terminó "la hora de los gatos".
Y el gato quedó mirando el patio a través de la ventana. Desde adentro.
__No podés salir a esta hora, vamos! Ya terminó "la hora de los gatos".
Y el gato quedó mirando el patio a través de la ventana. Desde adentro.
Almuerzo de domingo
-Abuela!, acaban de llamar los primos!, dicen que vienen a comer!
-¿Ah sí?, llamalos de nuevo y deciles que toquen el timbre con los codos.
-¿Ah sí?, llamalos de nuevo y deciles que toquen el timbre con los codos.
Sobre relaciones
...al ser personas diferentes, nunca va a haber una parejita 10 puntos. Siempre hay cosas que arreglar.
La televisión
Luego de varios intentos para lograr que no deje la televisión prendida toda la noche hasta el amanecer, la abuela Elda juega con la ironía.
Tía Norma:__A mí estos programas que ponen a los gordos para que adelgacen me parece una boludez.
Tía Angélica:__A mí me gustan, me entretienen.
Yo:__A mí tampoco me gustan.
Abuela:__¿Sabés cuál me gusta a mí?, ese que pasan a las 4 de la mañana. Ese que ves vos todas las noches.
Reunión de tías
Tía 1:__¿Vos no estás cerca de Ciudadela?
Tía 2:__De Fuerte Apache estoy, a tres cuadras.
Tía 1:__Ahh, de donde es Tévez. Dicen que anda con problemas, que no tiene club.
Tía 3:__¿Quién?
Tía 1:__Tévez!
Tía 2:__¿Lo ves por ahí?
Tía 1:__No!, el que anda es el hermano en una 4 x 4 dicen. Con un revólver.
Elda: __¿Con un revólver?
Tía 1:__Mirá, vamos a ser honestos. Acá igual, los policías son más chorros que los chorros.
Tía 3:__Es verdad eso.
Tía 1:__¿Viste el boquete ese que hicieron en el banco?, Un millón y medio de pesos se llevaron
Tía 2:__Un millón y medio...(confirma)
Tía 1:__Ayer encima, le robaron la camioneta a Pancho Doto.
Tía 3:__Si, pero la policía ya la encontró
Elda:__¿No estaba reunido con Susana Giménez y el otro?
Tía 1:__Si, dicen que son los 3 solteros más codiciados de Argentina.
Tía 2:__Lástima que es gay ese Pancho.
Tía 1:__Qué desperdicio!, con todas la mujeres con las que está. Como para hacerse gay.
Tía 2:__De Fuerte Apache estoy, a tres cuadras.
Tía 1:__Ahh, de donde es Tévez. Dicen que anda con problemas, que no tiene club.
Tía 3:__¿Quién?
Tía 1:__Tévez!
Tía 2:__¿Lo ves por ahí?
Tía 1:__No!, el que anda es el hermano en una 4 x 4 dicen. Con un revólver.
Elda: __¿Con un revólver?
Tía 1:__Mirá, vamos a ser honestos. Acá igual, los policías son más chorros que los chorros.
Tía 3:__Es verdad eso.
Tía 1:__¿Viste el boquete ese que hicieron en el banco?, Un millón y medio de pesos se llevaron
Tía 2:__Un millón y medio...(confirma)
Tía 1:__Ayer encima, le robaron la camioneta a Pancho Doto.
Tía 3:__Si, pero la policía ya la encontró
Elda:__¿No estaba reunido con Susana Giménez y el otro?
Tía 1:__Si, dicen que son los 3 solteros más codiciados de Argentina.
Tía 2:__Lástima que es gay ese Pancho.
Tía 1:__Qué desperdicio!, con todas la mujeres con las que está. Como para hacerse gay.
Sobre la vida
...en la vida hay que hacer las cosas que uno siente, y no lo que los otros te dicen. Sino, te sentís frustrada, o frustado.
El microondas
__¿Este reloj es tuyo sobre el microondas?
__No, de papá.
__Ah, lo saco porque dicen que le hace mal que esté sobre el microondas. Me dijo Alicia.
__No, de papá.
__Ah, lo saco porque dicen que le hace mal que esté sobre el microondas. Me dijo Alicia.
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